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lunes, 6 de septiembre de 2010

Musica e imaginación

Suena un ukelele cuya melodía baila y corretea con el sonido de una guitarra criolla y un travieso bongo. Lenta y pasivamente se van flotando con la brisa de un mediodía cálido frente al mar.
Bajo un techo de paja, acostado en una hamaca paraguaya, miras las lineas en el agua turquesa que se dibujan con las olas. La única preocupación en tu mente es, poder dejar grabado en tus retinas la perfección de la obra de Dios. Si, la perfección de su obra, porque esto que alimenta tu vista no pudo haberse creado por casualidad.
El escaso viento que corre, intenta con todas sus fuerzas tirarte de la hamaca, pero solo logra mecerte, ese movimiento mezclado con las voces que se escuchan de fondo en la barra del barsito donde estas, y el ruido del piso de madera vieja que rechina cada vez que alguien pasa caminando solo se puede comparar con el recuerdo de cuando eras bebe, tu madre te ayudaba a dormir en sus brazos y nada podía estresarte.
Las horas, ya no corren, directamente vuelan, se evaporan; es como si el tiempo fuera dos veces mas rápido de lo normal, tan rápido que cuando te queres dar cuenta el cielo comenzó a tornarse naranja, el sol se esta poniendo...
Las luces del bar comienzan a encenderse, llenando el lugar de color con esas lamparas de papel de arroz con forma esférica. En el estanque que esta a 6 metros a la izquierda, una local, prende unas velitas que flotan sobre el agua decorada con un poco de verdín. Cuando volvemos la vista al mar, en la orilla podemos ver una fogata que reune a un grupo de jóvenes que se mueven y bailan a su alrededor como una tribu de indígenas.
De repente te das cuenta que podrías pasarte toda la vida aquí, sin ningún lujo de ningún tipo, sin un auto ultimo modelo, sin ese celular que para lo único que no sirve es para hacer llamadas, sin un televisor high definition, ni una play 3; que aquí podes ser feliz con tan solo una tabla de surf, un plato de comida para cuando el estomago hace ruido, y un árbol que te de sombra y te refugie de la lluvia.
Te das cuenta que los bienes materiales son un invento de las ciudades, esos hormigueros plagados de personas que no se preocupan por nadie mas que por ellos mismos, que viven apurados y que siempre están llegando tarde a todos lados.
Tarde. ¿Que es tarde?, el tiempo es tan relativo... Acá donde mi mente me transporto no existe tarde, solo existe el momento indicado para cada cosa: para comer, para ir surfear, para mojar los pies en la orilla, para descansar, para aprender cosas nuevas y cada tanto para pensar y reflexionar, para encontrarse con los seres queridos, y para recordar con una sonrisa a las personas que ya no están con nosotros.
Espero que a través de esta lectura su mente haya podido viajar a donde mi cuerpo quisiera estar...

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